Capitulo 26

La manta suave del sueño en la que estaba acurrucada, es arrancada de mí por la conciencia, haciéndome sentar muy erguida mientras miro a Christian con un shock enorme.

De todas las cosas que él podía decir en este momento, ¡esta era la última que esperaba!

“Uhm” el sonido hace eco en mi cabeza vacía, no puedo encontrar ni un solo pensamiento inteligible. Mis ojos parpadeantes son prueba de que estoy despierta pero una parte de mi espera que estuviera dormida y que simplemente estuviera soñando esas palabras desconcertadas.

“Uhm” mi segundo intento no es más exitoso, mientras los labios carnosos de Christian se convierten en una sonrisa de diversión algo perezosa, ojos sobrios observando mi reacción – sonriendo pero oh tan perspicaz.

Él se empuja para apoyarse en su codo, con su otra mano dibuja círculos ociosos en mi rodilla, su toque finalmente ayudando a mi cerebro a enchufarse con mi boca.

“No he pensado mucho en eso. Es un poco pronto ¿no crees?” una risa involuntaria se me escapa, la estridencia mostrando el asombro que estoy tratando de mantener en secreto “Nos comprometimos esta mañana, no casamos esta noche…” sacudo mi cabeza, tambaleándose a la velocidad vertiginosa de la progresión con Cincuenta, con mi objetivo de apelar a su estado racional.

Él me llama a que me acerque más con un dedo curvado, la diversión sigue coloreando su rostro “Anoche” su mirada se vuelve expectante, esperando a que me deslice entre sus brazos. Ante mi expresión confundida, él aclara, “Cuando nos casamos. Anoche – son casi las 2:00am”

¡Ah, está bien entonces! ¡Eso hace toda la diferencia del mundo! Pienso sarcásticamente, irritable por la falta de sueño y por el gran, gran día que hemos tenido. Suspiro; en contra del mejor juicio de mi cuerpo cansado y muy usado, me estiro a lo largo de su forma cálida, mi espalda contra su frente. No tengo la energía o la voluntad de razonar con él ahora mismo.

Con sus dedos peina mi cabello lejos de su camino y acaricia mi cabello para respirar profundamente, “Tal vez no de inmediato, pero quiero verte embarazada, quiero sentir a mi bebe moviéndose dentro de ti, quiero cargar a mi bebe recién nacido” No hay duda de la emoción en su voz, su susurro contra mi piel es capturado mientras su mano inquieta viene a descansar en mi vientre.

¿Cómo le puedo negar si fui yo quien lo retuvo de esto en primer lugar? Todas esas cosas en el contexto de un matrimonio lleno de amor son la felicidad necesaria, normal.

Me volteo para mirarlo de frente, mi cuerpo adolorido protestando cuando acuno su mejilla, “Tu te mereces todo eso y más, es hermoso pero, también es muy difícil. Los niños, especialmente los bebes necesitan mucho de ti. Solo quiero que nosotros estemos listos, no quiero arruinar esto de nuevo” mi mano sigue un camino desde su mejilla hasta su corazón, mi mirada suplicando cuando me encuentro con la suya.

Durante breve minuto él mira hacia el otro lado, pesado antes de hablar de nuevo, “Entonces, ¿es un no?” sus cejas arqueadas proporcionando involuntariamente una advertencia – debo tratarlo con cuidado.

Para probar mi sinceridad paso mis labios por los suyos, “No es un no, es solo que necesitamos un poco de tiempo” No hay exhalación con mis palabras cuando me quedo sin aliento – inquieta ante el precario equilibrio del momento.

Su sonrisa de niño siempre ha sido mi favorita pero, esta, sonriendo de alegría para mí en el suave resplandor de la luz de las velas simplemente transforma su rostro, amor y gratitud radiando como los rayos cálidos del sol. Imposible no responder, así que lo hago – felizmente, luego lo abrazo, mis brazos sosteniéndose con el agarre fuerte de posesión.

“Vamos a llevarte a la cama Sra. Grey” con su voz seductora, de un hombre que ha tenido su porción de pasión por hoy.

Se empuja para levantarse y tira de mí con él, su gracia convirtiéndose en la mía. Justo cuando encuentro mis pies, él me levanta, sonriendo ante mi sorpresa cuando deslizo mis brazos alrededor de su cuello y me sostengo para el paseo.

Christian hace un show de acostarme sobre la cama de lujo. Pone el cobertor a un lado, revelando sabanas frescas y nítidas que atraen tentativamente. Instantáneamente descarto la ducha que estaba esperando tener, mientras me retuerzo debajo de las sabanas inmaculadas, la gran cantidad de hilos de algodón haciéndolas tan resbaladizas como la seda.

Se arrodilla junto a la cama; gloriosamente elegante y descaradamente desnudo, pasa una mano por mi cabello, luciendo una mirada de adoración que es tan vivida que casi me asusta – la intensidad notable, que obliga. Es una mirada que yo sin dudar imito, mi amor fácilmente igualando al suyo pero, trae consigo el escozor de la vulnerabilidad, dejándome sintiendo incómodamente expuesta.

Trago fuerte; es maravilloso que debe ser él quien se sienta igual de cómodo dejando al descubierto su cuerpo y alma ante mí, aun así soy yo la emocionalmente reticente ahora. Se me ocurre que el miedo sigue brotando de la culpa, un hoyo negro siempre presente haciendo sombra a mi existencia, amenazando con llevarme a sus profundidades y a destruir este precioso lazo.

Su mirada de ceniza penetra las profundidades azules de la mía, leyendo mis pensamientos como si estuvieran escritos allí, “No lo pienses demasiado Anastasia, es lo que es. También estoy asustado pero, comparado con el vacio de los últimos cinco años le doy la bienvenida a la intimidad, el shock de sentir algo. Todo se reduce a confiar nena y eso es a los que acabamos de comprometernos. No para explotar esas vulnerabilidades.”

Guao, pienso, él realmente entiende y por supuesto que tiene la razón, ambos tenemos el poder de biselar al otro de par en par – esperemos que en la luz de nuestras promesas matrimoniales ejerzamos nuestro poder de nutrir y nunca de dañar. Mis nuevos votos se mantendrán fuertes, inquebrantables contra el recordatorio sombrío de los que ya rompí. Me premia con el nuevo ángulo reconfortante en el cual puedo ver mi matrimonio – con un compromiso absoluto.

“¿Es por eso que querías casarte de inmediato? ¿Para estar irrevocablemente comprometidos?” el entendimiento está haciendo conexiones bienvenidas en mi mente, una percepción oportuna para tomar decisiones pragmáticas futuras.

Él sonríe, sus rasgos suavizándose con alegría, “Por eso y porque tú me perteneces” Me guiñe y luego mira hacia otro lado, escondiendo el sentimiento ardiente en sus ojos, “Quiero que tu y el resto del mundo lo sepa” Su encogimiento de hombros casual desmiente el acero subyacente en sus palabras alegres.

Me rio, aliviada de que el peligro explosivo del “asunto bebe” no encendió una discusión e inconmensurablemente contenta de que estoy exactamente donde debo estar ahora mismo – con el hombre que me ama.

Christian se toma unos minutos para pasear por la villa apagando las velas, para luego unirse a mí en nuestra cama King size. Puede también haber sido una cama individual, ya que nuestras extremidades están entrelazadas formándose como una isla de enamorados en el mar por demás tranquilo de sabanas.

Me doy cuenta de la luz que se filtra por mis parpados pero aún encerrada en los brazos de Christian me dispongo a aferrarme a ese estado etéreo entre dormida y despierta. Lo suficientemente consciente para saborear los recuerdos de ayer, pero aun consciente eliminando la intrusión dura a nuestra realidad. Me detengo lánguidamente en un avión flotando a centímetros de la consciencia por el tiempo que puedo antes de renunciar al lujo de mis sueños.

Volteo la cabeza, aprovechando una oportunidad única para estudiar el rostro relajado y dormido de Christian, maravillada por mi suerte impresionante. Algo en él detecta mi tierno escrutinio y soy recompensada con la más clara de sus miradas grises, sus ojos abriéndose con la misma gracia fluida con la que su cuerpo se mueve. Suave, sonriendo y cálidas las ventanas gemelas de su hermosa alma, parpadea con sus pestañas largas, abanicando sobre sus mejillas para luego transformarse en una mirada caliente de hambre.

La transformación como la del lobo es emocionante, cuando los ojos cariñosos parpadean con el deseo desnudo, un deseo que parece enviar un mensaje directo a mi sexo. Mi reacción servil a su cambio rápido está abiertamente transmitida por sus respiraciones laboriosas y por la humedad repentina de mi entre pierna ya abierta.

“Buenos días Sra. Grey” llamar sus palabras un discurso sería una mentira, un ronroneo ronco, un truco infalible de seducción sería más adecuado. Desliza una mano por mi pierna y la engancha sobre su cadera, su punta caliente ya empujando hacia la ventana de mi interior.

Él sonido del aire aspirado por mis pulmones es mi respuesta arrastrada para él, “¡Aahh!” Mi cuerpo arqueándose para acomodarse a su intrusión ansiosa, poniendo convenientemente un pezón duro en frente de su boca. Se enciende cuando lo chupa, enviándonos al olvido.

“Eso es un tremendo despertar Sr. Grey” bromeo mientras estamos enredados en una maraña de sabanas.

Su sonrisa traviesa me recuerda que en lo que se refiere al sexo él es una planta perenne de dieciocho años. “Estamos para complacer Sra. Grey”

Me río, asombrada y juguetona, “Y complacerme es lo que usted hace Sr. Grey” casi puedo sentir el brillo de mis ojos cuando miran a los suyos con afecto.

Él me acerca más, curvando un brazo alrededor de mi hombro, pongo mi cabeza en su pecho, “¿Qué le gustaría hacer hoy Sra. Grey?”

“Mmmhhh… me pregunto…” finjo estar reflexionando al respecto, a sabiendas de que él sabe que soy más que feliz de pasar el día en sus brazos.

Mi pequeña broma lo impulsa a la acción y antes de que sepa que está pasando, él me presiona debajo de él, a horcajadas sobre mis caderas, me hace cosquillas sin piedad. Él es tan fuerte y pesado que solo puedo chillar y mover mis brazos y patear con mis piernas mientras intento de alejarme de sus dedos torturadores.

“¡Déjame! ¡Me voy a orinar!” logro decir casi sin aliento, la risa histérica y los ojos  perdidos, mi cabeza rodando violentamente de un lado al otro mientras trato de sacarlo de encima a sacudidas. “¡Por favor Christian! ¡Misericordia, misericordia!”

Él me deja ir con una risa rugiente, azotando mi trasero mientras me arrastro fuera de la cama en una carrera por llegar al baño. A través de la puerta entre abierta puedo oírle riendo, disfrutando demasiado de su dominio pícaro. Voy a tener que ingeniármela con un plan igualmente juguetón para mi venganza.

Después de cepillar mis dientes y de una ducha muy bienvenida encuentro a Christian en el patio, un festín para el desayuno puesto junto con el taciturno James de vuelta a nuestro servicio y profesionalmente atento. El cabello de Christian está húmedo y me doy cuenta de que él debió haberse bañado en uno de los muchos otros baños en la villa.

Por una vez me alegro de haber tenido una ducha por el único propósito de limpiarme. Quien sabe lo que habría pasado si él se hubiese unido a mí, aunque he disfrutado cada minuto de amor con él, no hay duda de que nuestra rigurosa pasión ha dejado su huella. Mis músculos están rígidos, especialmente más los de mi entre pierna, haciendo que me mueva en mi asiento mientras trato de encontrar el lugar menos sensible.

La sonrisa libertina de Christian habla del orgullo que le causa mi leve malestar a pesar de sus palabras de preocupación, “¿Estás un poco herida esta mañana Sra. Grey?”

Mi sonrisa seca viene con una réplica sarcástica y buen carácter, “Lo estoy, aunque no tengo idea de por qué” lo veo bajo mis pestañas mientras tomo un bocado de una pieza de pan bien tostada con mantequilla.

Él hace un sonido bajo y satisfecho desde lo profundo de su pecho, “Ya sabes cómo me gusta recordarte en donde he estado” sus ojos con los parpados por la mitad revelan lo cálido de sus iris de granito, enfocados intensamente en mí.

El rubor agudo arde en todo mi rostro, el primero del día. Estoy divertida y asombrada de darme cuenta de eso, por la mirada de satisfacción en su rostro, él estaba esperando precisamente eso.

¡Por Dios, haciéndome sonrojar a propósito!

“¡Sinvergüenza!” murmuro, mordiendo otro pedazo de mi delicioso desayuno, con mucha hambre para replicar apropiadamente.

Sin en el más remoto castigo, continua mirándome, “Me encanta el apetito sano nena. Si eso es lo que puedo esperar de ti después de una noche maratónica, voy a tener que hacerlo más a menudo” si su suficiencia es cualquier cosa por la cual guiarse, él está teniendo gran deleite en el placer de que sabe lo que su aguante me da, mientras levanta una ceja peculiar y  lasciva para mí.

Del mismo modo que se iba, el rubor vuelve, calentando mis mejillas de nuevo – ¡cuerpo traidor! “Uhm…, sí, bueno” Aunque me encantan las bromas, me había olvidado del camino descaradamente sexual en la forma que me habla a veces, llena de insinuaciones, como incluso nuestras pequeñas conversaciones están abiertas a los juegos previos. Una o dos rondas con un entrenador personal me debe mantener en forma lo suficiente para igualar su apetito insaciable, mientras ojeo sus habilidades de coqueteo, que lo mantendrán sobre sus pies eróticos.

Arrojando rápidamente mi timidez, dirijo mi mano a lo largo de la mesa hasta su plato, donde agarro una salchicha de su desayuno y sosteniéndola cerca de mi boca mientras hablo con él, “Si por favor Sr. Grey” mis pestañas revolotean coquetamente mientras presiono mis dientes en la carne corpulenta de la salchicha de forma sugerente.

Sus ojos demasiado abiertos y los labios entreabiertos me dicen que he dado justo en el blanco, animándome a jugar más duro. Gimiendo con apreciación exagerada de la golosina que acabo de devorar, lamo mis dedos uno por uno, todo esto mientras lo miro con ojos seductores.

“Sugiero que dejes de hacer eso, si quieres llegar al almuerzo con nuestros padres y nuestro hijo” la curva torcida de su boca tiene un reto que no estoy segura de estar lista para tomar, hay una fuerte dosis del Christian dominante en su mirada ardiente e inquebrantable.

¡Oh-oh! Es dudoso que mi cuerpo pueda soportar el martilleo que su tono sugiere – no antes de que mis músculos agradablemente abusados tengan tiempo de recuperarse, y estoy ansiosa por ver a Chris. A pesar de que me encanta el Christian excéntrico, ir por ese camino tal vez no sea lo mejor para nosotros justo ahora – “caminar antes de correr” es un Flynnismo (algo que dice el Dr. Flynn) que sacude mi cerebro con respecto a este asunto.

Mi bravuconería se derrumba bajo su confianza feroz y sensual, incitándome a hacer la única cosa que puedo hacer para domar a la bestia libidinosa en él. Haciendo mi camino alrededor de la mesa, me siento sobre su regazo, lanzando mis brazos alrededor de su cuello con una risita de niña juguetona, “¡Eres tan bestia!”

Desarmado por mi manera de niña, me aplasta hacia su pecho, “Nunca puedo tener suficiente de ti” Su respuesta febril termina con un beso largo presionado en mi cabeza.

Me separo de él, sonriendo como la mujer herida que soy “Igual yo”, digo sintiendo el peso emocional de mis palabras.

Mi premio es una sonrisa tímida, iluminando sus ojos con la chispa de la alegría. “Tenemos que alistarnos, nos vamos a reunir con ellos en una media hora” murmura después de un rato, ambos nos resistimos a dejar la comodidad del abrazo mutuo.

“¿Mmhh?” pruebo, perdida en mis pensamientos. Sentada en sus piernas con una vista del jacuzzi, estaba muy ocupada repitiendo la cita alucinante que compartimos allí ayer por la noche, disfrutando la forma en que mi piel se hormiguea con el recuerdo amoroso de escucharlo correctamente.

Él siente mi ensoñación y sigue mi mirada de anhelo, captando inmediatamente la naturaleza de mi retrospectiva. Con una mano hábil pasando por la cara interna de mi muslo, él susurra palabras maliciosas en mi oído, “¿Disfrutaste del jacuzzi Sra. Grey?”

Mi inhalación ruidosa y la chispa inesperada de su toque me traen de vuelta al presente. Con la mirada arraigada en mis pensamientos sexys, respiro mi respuesta, “Mucho Sr. Grey” mis dientes rastrillan sobre mis labios, pensando lo audaz de lo que voy a sugerir, “Creo que deberíamos tener uno en Escala. Tal vez instalar algunos armarios con puertas de espejo en la habitación principal” para ocultar mi brillo tímido miro hacia abajo, pasando mis dedos lentamente por la longitud de su pecho, profundamente consciente de mi misma.

Siento el cuerpo de Christian cuando se pone rígido pero su risa ronca me distrae antes de que tenga tiempo de pensar en su reacción. Él presiona su frente contra la mía, “O…” el pronuncia la O con énfasis, permitiendo que el espacio entre nosotros se cargue con posibilidad.

Mi pulso se acelera con anticipación, ¿O qué?

“Todavía tengo la casa” Con su declaración tranquila, se aleja parpadeando, un toque de inquietud en su mirada nublada que luego cambia a evaluar cuidadosamente.

La sacudida en mi corazón se acelera como en una carrera, “¿La casa en el Sound?” por mucho que lo intentaba no pude mantener la sorpresa de mi voz mientras observo en su expresión pensativa.

Él pone un mechón detrás de mi oreja, “Esa misma”

¡Oh!

Aunque sé que debo atascar mis nudillos en mi boca para detener la pregunta que está saliendo, soy demasiado curiosa para luchar contra ella, “¿Por qué?”

Se encoge de hombros, mirando lejos para escudar su vulnerabilidad. La realización me desgarra. Soy la responsable por el daño que veo ahí. Sabiendo que tengo toda una vida de culpa por delante, acuno su mandíbula, forzándome a mirar al demonio que he creado viendo profundamente en sus ojos en conflicto. “Dime. Por favor”

Cuando él encuentra mi mirada, los ojos grises de solemnidad no ofrecen ningún respiro, solo la confirmación de lo que ya sé. “No podía dejarla ir” Él toma una respiración temblorosa, “Demasiadas posibilidades nuestras atadas a ella”

Sus palabras aterrizan como un golpe poderoso, torturándome mental y físicamente. Christian reacciona instintivamente cuando me ve inmutarme, “¡No!” tritura una orden ladrada, molesto agarra mis brazos, dejándome con los ojos abiertos, aturdida.

“¡No hay secretos y no hay recriminaciones! Tú querías saber así que te dije pero, Nosotros. No. Vamos. A. Ir. Por. Ese. Camino. Otra. Vez!

Su estado de ánimo está marcado en contraste con la ligereza de hace unos minutos, dejándome demasiado desconcertada para hablar, la disculpa a punto de derramarse casi ahogándome la echo para atrás.

¡Mierda!

Una vez que mi cerebro estupefacto ha trabajado a través de su razonamiento admito, “Está bien” una pequeña parte de mi aun está abrumada por la vehemencia de su reacción.

Todo su cuerpo se afloja, obviamente aliviado, “Está bien” él está de acuerdo, las líneas de tensión dejando su hermoso rostro. En un tono más suave, con mesura, con palabras consoladoras, explica, “No quiero que estemos disculpándonos y arrepintiéndonos por el resto de nuestras vidas, hemos superado eso, hemos perdido suficiente tiempo”

No es la primera vez que él ha sacado este tema. Asiento con la cabeza, mis ojos clavados en su grises fervientes implorando, “Bien” una vez más tengo que reprimir el “lo siento” que no quiere más que salir de mi lengua para aliviar la culpa que surca mi corazón.

Brazos tranquilizadores y fuertes me rodean, regalándome esa cercanía reconfortante que solo él puede ofrecer. Nuestra unión proporciona el consuelo que necesitamos para forjar hacia adelante una vez que nos deleitamos en ello, olvidado por el momento, los muchos viajes de sanación que aun debemos tomar.

Uff – la vida con Cincuenta es intensa.

Después de lo que se siente como una eternidad, su voz penetra mi estado reflexivo, “Tenemos que irnos nena”

De mala gana me desenredo de su abrazo, dándole una sonrisa vacilante. Con dos dedos él levanta mi barbilla, poniendo un beso suave y reverente en mis labios. Mercurial hasta la exageración, sonríe en una forma impresionante que pone mi mundo bien de nuevo. “¿Pensaras lo de la casa?”

Esta vez mi mirada no tiene nada de tímida, le sonrío con alegría, mi corazón rebosante de amor, “No hay nada que pensar, ¡me encanta esa casa! Es el lugar perfecto para criar una familia”

En un movimiento fluido, con la gracia que desorienta mis sentidos, él se pone de pie, levantándome con sus manos horquilladas en mi cintura y se voltea, haciéndonos girar con un grito característico de alegría.

Mi risa, y cara sonrojada lo miran a él con adoración, mi cabello se derrama sobre mis hombros, envolviéndonos en un velo castaño intimo.

“Cualquier cosa que quieras Sra. Grey, ¡lo tienes!” su declaración áspera encaprichándome. Cuando él me pone en el suelo, se inclina hacia adelante, soltándome tan lentamente que tengo que agarrarme de sus bíceps. En ese romántico estilo de Hollywood tan cliché me besa, una boca tan caliente y apasionada que tiembla hasta mi sexo.

Cuando nos encontramos con nuestros padres, Mia y Chris en el Café Bellagio. Sonrojados de placer y treinta minutos de retraso. Taylor, Collins, Brandon y Carl se sientan en dos mesas más pequeñas cerca, en donde tienen una vista sin obstáculos de nosotros. Su presencia es un recordatorio sombrío del peligro vago y sin nombre que está como un fantasma desagradable sobre nuestras vidas.

Chris está emocionado de vernos, nos da a ambos un gran abrazo y nos cuenta todo sobre el tiempo de diversión que pasó con sus abuelos. Esta noche él estará con mi mamá y Bob, que lo van a llevar a jugar mini golf.

El Café Bellagio es impresionante, nuestra mesa tiene una vista maravillosa de la piscina azul celeste, la imagen enmarcada con una ventana grande adornada con un poste verde lima que divide la ventana en dos paneles. El día claro es hermoso, muy bien exhibido y acogedor – casi haciéndonos sentir como si estuviéramos sentados en el cielo.

La conversación alrededor de la mesa es feliz y relajada, mientras hablamos de la boda, especialmente Mia, contando los detalles exquisitos con alegría. A mi derecha escucho a Christian haciéndole sugerencias a Ray sobre los lugares para ver en Las Vegas.

Cuando la comida llega se ve deliciosa pero, por mucho que lo intente, no puedo evocar a mi apetito, después de haber dormido hasta tan tarde Christian y yo acabamos de disfrutar de un desayuno tardío. Echo un vistazo a escondidas hacia él, esperando no meterme en problemas pero, por una vez parece ajeno a mis hábitos alimenticios mientras le prepara un plato a Chris.

Chris se sienta en mi regazo, comiendo, dibujando y conversando de vez en cuando, cada vez que se pone inquieto o sin razón alguna Christian lo agarra – ansioso de abrazarlo, contento por el simple hecho de estar con él.

Cuando Carrick le pregunta a Christian cuáles son sus planes para con la prensa sobre la boda, me alejo de la conversación con Grace para escuchar lo que dice. Él mira hacia mí, dándole a mi pierna un apretón tranquilizador debajo de la mesa.

“Voy a tener que emitir un comunicado de prensa, de una vez con algunas fotos” él ondea su mano desdeñosa. “Al menos así podremos controlar cuando y donde la información es publicada.” Hace una mueca mirando hacia a mí, “Se va a poner feo nena. Tu sabes cómo pueden ser ellos, pero no hay forma de que seamos capaces de mantener esto en secreto por mucho tiempo” presiona sus labios, pensativo, “Lo siento nena, sé lo mucho que odias toda esta atención”

Inclinándome hacia él, lo beso, “Por ti Sr. Grey, nada es demasiado”

Compartimos un momento tierno, luego Chris nos interrumpe, “¿Por qué estás besando tanto a  papi?” la expresión linda de desconcierto es adorable, su cabello desordenado pidiendo que lo sacuda.

Todos en la mesa se ríen, luego cesa la risa, me sonrojo cuando me doy cuenta de que ellos están esperando mi respuesta, “Uhm” pienso en decir la verdad aquí, probablemente me va a servir para mejor. “¡Porque amo mucho a tu papi, tanto como te amo a ti!”

Él parpadea sorprendido, luciendo pensativo por un instante, “Ah está bien” Justo cuando pensaba que estaba fuera de peligro, lo escucho arrastrar aliento para hacer otra pregunta, “Pero ¿Por qué son tan largos?” retuerce la nariz, claramente disgustado.

Pongo mis ojos en blanco y me rio, “¡Muy observador para tu propio bien!” le hago cosquillas, haciéndolo retorcerse.

Christian se une, disfrutando de su niño inquisitivo, “¡Cada vez que mami me besa, sus labios se pegan!”

Los ojos de Chris se ponen como platos, “¿Se pueden quedar pegados en mi?”

“¡Oh sí!” interrumpo, sosteniendo su cabeza, le doy un beso en su mejilla, haciendo un sonido de besos exagerado y pretendiendo estar pegada. Nuestra familia está mirándonos con indulgencia, divertidos.

Christian hace como si luchará por separarme de él, gimiendo con la “resistencia” de intentarlo, “¡Están. Pegados. Amiguito!”

Chris está riendo fuerte, retorciéndose para liberarse. Le guiño a Christian para indicarle que lo libere antes de soltarlo. Christian lo separa, fingiendo quedarse sin aliento por su esfuerzo. “¡Eres libre campeón! ¡Guao, estuviste pegado realmente por un minuto!”

Los ojos de Chris están brillantes, enamorado con el juego, “¡Otra vez papi, otra vez!”

Después de otro par de rondas de nuestro juego improvisado de besos, Chris misericordiosamente sigue con otra cosa y empezamos a aligerar nuestro almuerzo. Estoy un poco molesta y sorprendida de que Chris nos deje con tanta ansiedad, el atractivo del mini golf demasiado genial para resistirse. Lo agarro antes de que salga corriendo, saboreando su abrazo a pesar de su protesta juguetona.

Decimos adiós a nuestros seres queridos, abrazándonos y acordando una hora para salir mañana, luego partimos, mano – a – mano a través de los pasillos bulliciosos del hotel. Ajenos a nuestro personal de seguridad, nos encaminamos a la villa, deteniéndonos en el camino para admirar alguna obra de arte en exhibición en la Galería de Bellas Artes del Bellagio.

Una de las exposiciones actuales es de un fotógrafo cuyas imágenes en blanco y negro representan parejas desnudas en la agonía de la pasión. Son magnificas, un verdadero estudio de amor en el mejor de los gustos. A pesar de que en ellas nunca se revelan los genitales de los modelos, son escandalosamente eróticas, casi primitivas en naturaleza. El juego de sombra y luz, curvas y extremidades, el apretón de una mano a la carne con una gota de sudor brillando – todas fuertemente sugestivas y profundamente excitantes. Al mirarlas se puede sentir el deseo rebosante de las imágenes en ondas lujuriosas.

Pierdo la cuenta de la cantidad de veces que tomo una bocanada de aire, cada una recordándome de cómo debemos lucir Christian y yo; hambrientos el uno por el otro en la persecución sin sentido del orgasmo.

Christian está cerca de mí, acercándome hacia él en cada oportunidad, observándome como digiero todo. Al pie del último grupo de fotos, me posiciona justo en frente de él, extendiendo sus manos a través de los huesos de mis caderas. “Mejor te llevo a casa” susurra seductoramente en mi oído, su tono ronco y bajo, “Vamos a ver si podemos poner estas fotos en la vergüenza” Los escalofríos deliciosos corren como miel caliente a través de mis venas.

En todo el camino a la villa, Christian aviva las llamas de mi ardiente deseo, cada uno de sus toques o palabras deliberadas – elevando mis sentidos, conduciendo mi necesidad por él tan alta que siento podría alcanzar mi clímax sin un solo empujón físico fuera de los limites.

Segundos después de cerrar la puerta y que nuestros guardias vigilantes se dispersaran, estamos el uno sobre el otro, nuestros cuerpos frenéticos, hambrientos, salvajes con nuestro deseo de liberación. No hay un centímetro de piel donde no quiera que estemos conectados. Somos brazos y piernas, y manos y lenguas, gimiendo y retorciéndose en su desesperación.

De alguna manera logramos llegar a la habitación, la barrera no deseada de la ropa desapareciendo como un truco de magia. Christian parece compartir mi obsesión con el contacto a cuerpo completo, sin perder ni un toque de su lengua en mi boca, me levanta y me aprisiona contra la pared más cercana.

Con una mano entre nosotros, me abre, su pene palpitante empujando hacia adelante con tal fuerza que arranca un grito crudo de mi garganta. Al instante en que la pasión revienta, pequeños temblores de ondulación creciendo, apretándome alrededor de Christian como un puño, trayéndolo más profundo y haciéndolo estallar.

Siento el oleaje y luego el pulso de él, estallando, caliente dentro de mí. Su gruñido ronco forzado desde su mandíbula bloqueada, uniéndose a mi gemido dentado de liberación.

Hay un epíteto apropiado en la punta de mi lengua pero, estoy demasiado exprimida para decirlo. Inclinamos nuestras cabezas una contra la otra, esperando para recuperar nuestro aliento.

Un fuerte golpe en la puerta nos sacude de nuevo a la realidad, la llamada apagada de Taylor a Christian sonando urgente.

Maldiciendo por la intrusión, me lanza una bata, luego busca la suya, cuando estoy decente, él abre la puerta y la mirada de Taylor deja pocas dudas de que nuestro bandido misterioso ha atacado de nuevo.

Link para el capitulo 27

 

 

10 thoughts on “Capitulo 26

  1. fanny rebellon says:

    Me encanto este capitulo es demasiado especial, se siente ese amor tan grande, me gusta la relación con la familia, Cris es un amor de niño, muy maduro, pero me parece esa luna de miel demasiado corta, pero definitivamente grey marco la diferencia para este genero lo amo gracias monique, y Kereny mi reina gracias mil un beso.

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  2. Janitzia Berrido says:

    Me pasé casi todo el capítulo entre suspiros y con una media sonrisa en el rostro. Que riiicooo y apasionado nuestro Grey!!!Me dio mucha nostalgia lo de la casa, la conservó para no perder la esperanza de volver con Ana. Ayyyy que romántico y divino. Amo y Adoro esta pareja. Grey es exquisitamente insustituible!!!Gracias siempre por su trabajo: Kere y Monique!!!Las ADORO!!!!

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  3. guille says:

    Porfavor donde estan los capitulos en español del capitulo 27 en adelante

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  4. andrea valenzuela ulloa says:

    pasion y locura la combinacion que lo caracterisa lindo capitulo gracias

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  5. Claudia Henao says:

    que bonito. Graciasss

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