Vacaciones en España – short story

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El cielo absoluto, pensó Anastasia mientras arremolinaba los dedos de los pies en el agua fresca de la enorme piscina azul. El sonido de Chris riendo mientras salpicaba a chorros a su abuela se filtraba a través de sus pensamientos mientras el sol bañaba su cuerpo extenuado. Su boca se curvó hacia arriba, casi perezosa para ser una sonrisa completa cuando se sintió un poco más enamorada de su esposo. Esta fue una idea de su inspiración. La Villa “Casa San Bernardo” en Marbella, España, era inmensa, incluso para los estándares de Christian. Seis habitaciones dobles, demasiadas áreas de entretenimiento y balcones para contar, un sauna, un gimnasio, esta piscina espectacular, un chef, y un conductor, todo situado en un lado del bosque de la montaña verde con una vista a lo lejos del océano brillante. Compartir las vacaciones con los padres de ambos significaba bastante tiempo privado necesitado con su hombre magnifico que ella casi no veía por la carrera de sus vidas locas y ocupadas. Incluso ahora, él estaba dentro de la villa en algún lugar, haciendo algún acuerdo pero ella sabía que no iba a permanecer lejos mucho tiempo. Él era un hombre con una misión y dejar que su deseo por él se calmará, incluso por una hora, aparentemente era algo que no iba a permitir en la duración de este pequeño receso. Sin importar el hecho innegable de la fuerza entre ellos que era demasiado fuerte, demasiado atractiva para ignorar, especialmente en un entorno tan romántico como este. Ella se movió cuidadosamente sobre la tumbona inflable, disfrutando de los músculos adoloridos que dos días de seducción dedicada por su muy determinado y amoroso esposo habían causado. Solo el pensamiento enviaba una emoción de escalofríos a lo largo de su cuerpo, un cuerpo al que él le gustaba mantener preparado con placer solo para poder tomarla en cualquier momento. Ella ya conocía el juego de él, demasiado bien. A ella le encantaba la tortura deliciosa que él le provocaba constantemente haciéndola asombrarse y esperar. Sus pezones se asomaban predictivamente debajo del bikini sucio rosado que lo tenían con los ojos a punto de salirse cuando la vio esta mañana. Justo como ella sabía que le pasaría, él la hizo jurar que no iba a usar esa cosa en público. Si, él tenía sus juegos, pero ella también. Volverlo loco hasta distraerlo se había convertido en lo suyo – si él insistía en provocarla y hacerla esperar ella también lo podía provocar.

Christian estaba de pie en el borde de la piscina viendo a su esposa mientras ella flotaba en el agua. Sus extremidades eran ya de un tono dorado precioso, coloreados por el sol cálido de España, y revestida en ese pequeño pedazo de tela que ella decidió llamar traje de baño, lucia como un bocado con el que pudiera darse un festín por días. De hecho, él pensó con una sonrisa de suficiencia, era lo que pensaba hacer en la habitación solitaria principal en el piso de arriba. Era la única razón por la cual él reservó esta Villa, la privacidad que el piso superior les brindaba con todo su esplendor autónomo. También ayudaba que la cama tenía todas las cosas que necesitaba para retener ese marco de su mujer que se retorcía, así que se podía tomar su tiempo devorando cada rincón del mismo. Su madre y su suegra lo vieron mirando a Ana y empezaron a saludarlo con la mano pero él puso un dedo sobre su boca. Él quería sorprender a su esposa quien claramente estaba dormitando, deliciosamente inconsciente del cambio perverso de los pensamientos de su esposo mientras su mirada cayó sobre esos pezones apretados. En este calor, él sabía, que solo podía significar una cosa. Ella estaba excitada y así es como a él le gustaba ella. Si estaban a solas, él le ordenaría que se quitara el pedazo de tela para que él pudiera ver las puntas fruncidas de sus senos pesados que para este momento debían estar enmarcadas en líneas deliciosas de bronceado. Él iba a trazar esas líneas con su lengua, lamiendo su cuerpo lujurioso a un estado de frenesí donde ella le rogara que la tomara de la manera que él quisiera. Él tomo una respiración fuerte, dándose cuenta que necesitaba meterse a la piscina antes de pasar vergüenza en frente de los padres – los shorts de nadar no podían esconder mucho y la semi-erección que tenia no iba a permanecer así si seguía pensando sobre los placeres de las tetas de su esposa. Tan silenciosamente como pudo, se metió en el agua y se hundió bajo la superficie, nadando hacia su esposa nada suspicaz. Cuando llegó a la tumbona inflable salió a tomar aire luego la volteó por completo. Ella gritó con sorpresa antes que él la hundió en el agua, besándola salvajemente. Sus manos se amoldaron a los senos de ella, atraídas como imanes, amasándolos y urgido. Unos pocos segundos después se pusieron como corchos, flotando en el agua. Él estaba sonriendo maliciosamente mientras ella estaba chapoteando, parpadeando para sacar el agua de sus ojos y quitando su cabello húmedo del rostro. El rubor escandalizado que lucía mientras miraba nerviosamente alrededor hacia las madres que estaban cerca solo lo hizo querer volver a hacerlo de nuevo.

“Te veías un poco caliente allí nena, pensé que podías refrescarte un poco.” Él bromeó, la mirada inocente de niño, en desacuerdo con las líneas duras de su mandíbula, que estaba especialmente cubierta en una barbita crecida de tres días.

Inmediatamente ella le volteó la carta, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de él y volviendo sus shorts de nadar en un problema de nuevo. “Estaba caliente” ella cantó rítmicamente mientras miraba a los labios de él, rozando sus dientes sobre los suyos.

“Mmmhhh” gruñó él, “¿Ves algo que te gusta Sra. Grey?”

Antes que ella pudiera responder Chris los salpico y sus abuelas protectoras detrás de él como ángeles guardianes. “¡Papi, papi! ¡El abuelo me va a llevar de pesca! ¡Hay una presa detrás de la casa!”

Christian dejo ir a su esposa y nadó hacia su hijo, levantándolo fuera del agua. “Eso es increíble amiguito. Si agarras un pescado estoy seguro que podemos hablar con Adelina para que lo preparé para la cena.”

“¡Podemos comernos sus dedos!” Exclamó Chris, la emoción burbujeando hasta que notó a todos alrededor riendo.

“¿Por qué se están riendo de mi? ¡Los dedos de pescado son deliciosos!” su pequeña cara estaba dibujado con un ceño fruncido, y sus labios hicieron un puchero con consternación.

“Oh cariño, no nos estamos riendo de ti. Es solo que algunas veces dices las cosas más lindas” Anastasia acaricio la parte de atrás de su cabeza y luego lo besó en su mejilla hinchada.

Rápidamente se desinflo cuando se volteó hacia ella, sus ojitos brillando con alegría una vez más. “¡Soy lindo! Adelina, la tía Mia, la abue, el abuelo, todos lo dicen” dice Chris orgullosamente.

Una vez más Christian lo levanto sobre el agua. “¡Si lo eres!” estuvo de acuerdo, luego rápidamente lo dejo caer de nuevo, haciendo un gran chapoteo.

Cuando Chris salió a la superficie maulló con delirio, “¡Otra vez papi, otra vez!”

Después de los juegos en el agua las abuelas tomaron las tumbonas para relajarse al lado de la piscina, y el trió de padres se llevaron a Chris para pescar en la presa de la propiedad. El tiempo a solas era todo el propósito de este viaje, Christian llevó a Ana a playa Marbella a dar un paseo y algo de turismo. Aunque él solo quería arrastrarla a su habitación y follarla hasta dejarla sin sentido, él sabía que ella estaba emocionada de estar de regreso en España. A él le encantaba ver como ella absorbía el escenario y las cosas nuevas del lugar extraño. Cuando ella se animó, casi sorprendida, la alegría de ella se convirtió en la suya. Lugares que él había visto tantas veces se volvieron hermosos y nuevos por el entusiasmo de ella. El deleite inocente que ella tomaba de las pequeñas cosas como explorar las calles traseras de una ciudad antigua nunca le dejaban de fascinar. Ella todavía tenía esa naturaleza cautivadora con los pies sobre la tierra, a pesar de estar rodeada de la vasta riqueza de él – era una cosa más que él adoraba de ella. De la mano pasearon por el malecón que se serpenteaba por la playa mellada. La playa estaba a su izquierda y a su derecha – los cafés – de mamás y papás – se mezclaban sin esfuerzo con tiendas lujosas y centros turísticos de lujo. Turistas y locales conversaban perezosamente bajo el sol de la tarde, la brisa del océano justo la suficiente para mantenerlos frescos. Christian se tomó un momento para admirar a su esposa mientras ella se inclinaba sobre la barandilla, su mirada perdida en el flujo de las olas rompiendo. Su cuerpo inclinado hacia adelante en un ángulo formado desde su cintura, sus brazos descansando sobre la baranda. Ella dejo secar su cabello naturalmente después de la nadada, así que colgaba en suaves risos sobre sus hombros. Ella todavía llevaba puesto el maldito traje de baño, pero al menos ahora estaba cubierto con una blusa de algodón. Pero eran los pequeños, shorts apretados que estaba vistiendo lo que actualmente estaba llamando su atención. Inclinándose hacia delante de esa manera él tenía la vista en su culo delicioso y así ella – se dio cuenta con consternación, – estaba a la vista de todos los idiotas que pasaban caminando por su lado. Viendo que las miradas de los transeúntes lo estaban empezando a molestar, él se deslizo detrás de ella, cubriendo su espalda con la suya. Él se agarró de la baranda con su brazo derecho mientras su brazo izquierdo descansaba ligeramente en la cadera de ella. Aparte de estar enterrado profundamente dentro de ella, esto era algo más que él adoraba – los momentos tranquilos donde ambos estaban cómodos, bastante lejos del paso frenético de sus vidas vibrantes. Él respiro profundo en el cuello de ella, ella dejo salir un gemido suave alentador y sensual. Si él seguía así el policía español que estaba de pie a unos cuantos metros de ellos iba a arrestarlo por indecencia en público. Distraídamente él notó que el joven estaba en gran forma, ni una pizca de barriga cervecera o de comida chatarra a la vista.

Anastasia rompió sus reflexiones al levantar su cabeza y oliendo el aire. “¡Oh guao! ¿Qué es ese olor?”

Él rió tranquilamente cuando su cabeza se volteo alrededor y su brazo se apretó alrededor de la cintura de ella. Por sus mejillas rosadas él podía decir que ella estaba avergonzada por el sonido estruendoso repentino de su estomago. “¿Tienes hambre nena?” Sus ojos sonrieron para ella. “Creo que son churros. Son como las donas/rosquillas, usualmente rociados con miel o azúcar” él capturó los mechones de su cabello que volaban por la brisa cuando se arremolinaban en el rostro de ella, y suavemente los puso hacia a atrás. “¿Te compró uno?” Christian preguntó, la atracción persistente en esas profundidades plateadas de sus ojos.

La sonrisa de ella, le robó el aliento. Casi detuvo su corazón cuando ella lo miraba a él de esa manera, esos ojos azules confiando, adorando. “Mmhh, eso suena delicioso”

Él no podía resistir besar su boca completa ahora que ella estaba de frente. “Está bien. Quédate aquí, regreso en diez minutos” con una mirada para asegurarse que Carl supiera sus intenciones él caminó a lo lejos hacia el café más cercano.

Anastasia sonrió mientras lo veía irse, riendo ante la línea cliché sobre odiar verlo irse pero adorando verlo irse. Ella estaba un poco torpe ya que sus movimientos sinuosos nunca dejaban de cautivarla, esa gracia inherente era doblemente sexy porque él sabía cómo usarla.

Una voz masculina, lenta y baja, interrumpió sus pensamientos. “¿Cómo estás disfrutando de nuestro país?”

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Ella se volteó hacia quien hablaba y tomó una respiración de sorpresa. Si los policías lucían así en Estados Unidos, ella estaba segura que la población femenina se volvería criminal. Él no era menos que un pedazo de hombre guapo. Sus músculos abultados, perfectamente tonificados y proporcionados, tensionados contra su uniforme azul oscuro. Ella nunca lo había pensado mucho pero de repente entendió el atractivo de un hombre en uniforme. Su piel estaba en un tono hermoso de miel oscura, y junto con su mandíbula fuerte, ella estaba segura que él tenía sus manos llenas con mujeres adulándolo. Inútilmente se pregunto si Christian usaría un uniforme para ella, si él seria susceptible a una fantasía de juego de roles.

Ella no pudo evitar sonrojarse, “¡Lo siento, no hablo español!” aunque era una declaración su cadencia la hizo sonar como una pregunta. Ella negó con la cabeza, sonriendo tímidamente al oficial atractivo. Ella dirigió su mirada hacia donde Carl estaba haciendo sus cosas impuestas de guardaespaldas, sintiéndose aliviada que él estaba allí para respaldarla en caso de que lo necesitará.

El oficial se rió, echando su cabeza hacia atrás y revelando unos dientes perfectamente blancos. “No” él sonrió “Supongo que no hablas. Simplemente estaba preguntando si estabas disfrutando de nuestro hermoso país”

Ella sabía que estaba siendo extremadamente prudente, los celos de Christian y su ingenuidad natural enviaron campanas de alerta sonando en su cabeza, pero hasta ahora, ella solo se había encontrado con hospitalidad de corazón. Absolutamente todas las personas que ellos conocían eran genuinamente amigables, ella no tenía razón para creer que este policía guapísimo estaba siento simplemente un gran embajador de su país. Otra cosa que era abundantemente clara sobre los españoles era que ellos amaban su país y nunca dejaban pasar la oportunidad de cantar sus alabanzas. Con esto en mente, ella se relajó, su sonrisa curvándose ampliamente. “Oh, sí, ha sido maravilloso. ¡Los colores, las personas y la comida!” dijo ella entusiasmada, pensando en los platos increíbles que ellos habían probado desde su llegada. Ella deseaba poder llevarse a Adelina a casa con ella. Ella podía visualizar a ella y Gail copiando el cerebro culinario de Adelina para todos los trucos de comida tradicionales que ella albergaba como secretos, llegados a ella desde las matriarcas experimentadas de su familia.

Una sonrisa confidente se dibujo en el rostro rugoso del policía. “La comida es sublime, mucho mejor compartirla si tienes buena compañía” se quitó los lentes de sol y encontró la mirada de ella con la profundidad de sus ojos chocolate antes de darle un guiño descarado.

Era advertencia suficiente para ponerla de nuevo en guardia pero la mirada era demasiado apreciada como para ser inocente como ella había pensado al principio. Ella no quería ser ofensiva, pero ella también sabía que si Christian los veía se iba a volver loco como la mierda. Y con mucha razón, se dio cuenta ella, porque este policía guapo estaba definitivamente coqueteando.

Si la comida lo excitaba entonces ella mejor cambiaba el tema. “Entonces, vigilar la playa, ¿no?, un trabajo soñado. Solo mira tú oficina, impresionante.” Era la escusa perfecta para romper el contacto visual íntimo que no se sentía correcto. Ella miró hacia el océano de nuevo y se encontró con el azul del cielo.

Gracias a Dios que él siguió la mirada de ella pero el alivio no duro mucho. “Una oficina impresionante aun más por la hermosa mujer que la decora” dijo sin más, su barítono alterando la escofina relajante mientras él ajustó su acercamiento fuerte como para dar cabida a la ahora frivolidad obvia de ella.

Christian pasó los euros sobre el mostrador y agarro la caja de cartón, ansioso de regresar con Ana. Sonrió para sí mismo pensando en darle de comer los trozos de masa de miel y dejarla lamer la rigidez de sus dedos cuando vio la parte posterior de un hombre uniformado principalmente porque obstaculizaba su vista de Anastasia. Brevemente su mirada fue hacia Carl y por la postura ansiosa del hombre, él entendió que había problemas. Él rápidamente lo identificó como al policía que estaba de pie cerca, justo cuando él dejó a Ana para comprar su merienda decadente. Incluso con su gran espalda hacia Christian él reconoció la postura casual y de coqueteo del hombre, el comportamiento confiado de un canalla que por lo general no escuchaba la palabra no viniendo de las mujeres que él obviamente sabia como manejar. Christian conocía cada uno de esos trucos porque – demonios – él escribió el jodido libro, pero él estaría condenado si dejaba que este hijo de puta usara esas movidas con su Ana. ¿Qué mierda estaba ella pensando? Empezando una conversación con un extraño, incluso si es policía. Mientras Christian se acercaba él alcanzó a ver el rostro de ella antes de que volteara esos ojos azul cristal y preocupados a lo lejos. Al instante él noto que el rubor que tenia no era ese rubor sexy que surgía cuando ella estaba tímida o caliente por él. No – este gilipollas la estaba incomodando. Con un asentamiento a Carl le señaló que se quedará donde estaba. Él necesitaba un hombre libre para sacar a Ana si la situación escalaba a una pelea y en este momento él estaba ansioso por mostrarle a este payaso su lugar. Mientras se posicionaba fuera de la línea de vista del oficial, él escuchó la frase que el oficial estaba diciéndole a Ana. Solo tomo un segundo antes que la rabia ciega rompiera a través de él, celos saqueando su consciencia de cualquier racionalidad. Él tomó una respiración profunda, consciente de calmarse antes de llegar lanzando golpes. Él sintió como surgía la adrenalina, haciendo pesados sus sentidos. En el parpadear de un ojo su cuerpo estaba listo para la batalla, preparado y muy en sintonía para virtualmente cada movimiento posible que este pedazo de mierda pudiera hacer. Él vio los hombros de su esposa tensarse, su mirada ansiosa volteándose para encontrar a Carl pero en su lugar se encontró con la mirada furiosa de Christian.

Sin dudarlo, él habló sobre el hombro del imbécil uniformado, su voz segura, su español fluido. “Esta hermosa mujer es mía.” Christian señaló con su cabeza hacia Carl. Gracias a Dios, pensó él cuando Ana tuvo el buen sentido de obedecer, él no necesitaba ningún argumento de ella en este momento.

Lentamente, así como para no provocar, el oficial se volteo para enfrentarlo. Christian sabía que su furia estaba pobremente oculta. Él sabía jodidamente bien que solo un hombre muerto podía ser capaz de verlo palpitar con rabia. Lo último que quería era pasar la noche en una cárcel española, y agredir a un oficial de la ley iba ciertamente a llevarlo a la cárcel, pero él nunca compartía y no estaba a punto de empezar ahora. Ana era de él y solo de él, a pesar de las consecuencias. Cuando el oficial levanto ambas manos en un gesto conciliador, su boca dibujo una línea triste al reconocer su derrota, Christian estaba casi decepcionado. Su furia necesitaba salir, y golpear con sus puños la cabeza de este idiota habría sido ideal.

“Es usted un hombre afortunado señor” dijo, señalando con su barbilla en la dirección de Anastasia antes de voltearse para seguir su camino.

Christian al instante identificó la maniobra táctica por lo que era – una estrategia astuta. Hombre inteligente, admitió de mala gana – caerle por detrás, especialmente cuando no estaba representando una amenaza, junto con todos los espectadores alrededor, seria francamente estúpido. Tampoco ayudó al asunto que el bastardo vio la belleza que su esposa era tan experta a veces escondiendo; a él le gustaba mantener ese secreto solo para él. Y más que eso, Christian sabía exactamente lo afortunado que era, él no necesitaba que este idiota se lo recordara pero tal vez Anastasia necesitaba un recordatorio de a quién pertenecía ella. Sí él no podía dar rienda suelta a su ira con el policía arrogante entonces ella iba a tener que ayudarlo a quemar ese exceso de energía. Durante mucho tiempo él había estado prometiéndole a ella que iba a probar sus límites; y hoy sentía que era ese día. Antes de arrastrar a Ana a la camioneta SUV él tomó otra respiración larga, liberando la rabia y dejando que la adrenalina alimentará su deseo en su lugar.

Christian caminó hacia su esposa que estaba junto a Carl. Ella estaba un poco pálida, sin duda en shock e insegura sobre la reacción de él. Agresivamente él la agarró de la mano, y con Carl flanqueándola al otro lado, ellos la escoltaron de regreso a la camioneta SUV. Él todavía estaba molesto consigo mismo porque la dejo sola. Él, de todas las personas, debió haber sabido mejor. Él metió a Anastasia en el asiento trasero del vehículo, detrás de Carl, y la aseguró con el cinturón de seguridad. Él se deslizó al lado de ella, colocando una pierna debajo de la otra para que ella pudiera ver su erección.

Anastasia volteó esos ojos de coneja hacia él, mordiéndose el labio, y pestañeando con esas pestañas sexys largas, “Lo siento. Yo no coqueteé con él. Pensé que como él era un policía…”

Si, él sabía exactamente qué es lo que su esposa confiada había pensado, y odiaba que el hijo de puta abusara de su autoridad de esa manera. Él también sabía que ella en gran medida subestimaba su propio encanto. Lo volvía un poco loco que ella no entendía lo atractiva que era, que ella no sospechaba inmediatamente de algún hombre que le prestara incluso el más mínimo de atención, pero entonces, también tenía que confesar que la modestia de ella era la cosa que la hacía tan jodidamente caliente. ¡Joder! Él deseaba poder tener control de sus celos, pero al menos era lo suficientemente inteligente para no mentirse a sí mismo – eso solo sucedería el día que se muriera. Él no estaba molesto con ella, al contrario, estaba con una necesidad desesperante de imprimir en la mente de ella, que ella le pertenecía a él, de marcarla de alguna manera. Él odiaba que ella le diera tan siquiera la hora del día a cualquier pedazo de verga pero incluso a través de sus lentes de sol verdes él podía ver que ella era inocente. Seguro como la mierda no era culpa de ella que los hombres estuvieran atraídos hacia ella pero él decidió, al menos por su propia paz mental, que los shorts cortos y tops pequeños iban a ser cosas del pasado. Ella no necesitaba ninguna maldita ayuda de ropa increíblemente pequeña para atraer atención no deseada.

Él deslizo una mano posesiva bajo el cabello de ella, agarrando la parte posterior de su cuello y descansó su frente contra la de ella. “Lo sé nena. Sabes cómo me pongo, solo el pensamiento de otro hombre viendo y deseando lo que es mío es suficiente para empujarme al límite” él susurro entre ellos. Él cerró sus ojos, obligándose a sí mismo a controlar su molestia que volvía a surgir en ese momento.

Ella lo hizo sentir mejor cuando enmarco su rostro entre sus manos. Su toque frio era calmante, anclándolo de nuevo al momento. “Solo te amo a ti” dijo para buena medida, afirmando sus sentimientos por él.

Christian tomo una respiración profunda, respirando la esencia de ella. Él se dio unos cuantos minutos más antes de revelarle a ella la necesidad que él sabía estaba claro en su mirada. La cabeza de ella se tiro hacia atrás un poco cuando ella fue golpeada por la intensidad de su pasión flagrante. No había duda de la intensión carnal, el hambre brillaba allí, alimentada por un infierno de pasión y deseo.

¡Santa mierda! Ella pensó mientras la necesidad explotó a través de su cuerpo como un chispazo de fuegos artificiales. Si la mirada actual de él era algo por lo cual guiarse, hoy su esposo podría muy bien follarla hasta la muerte.

Como si hubiera leído sus pensamientos, Christian asentó, todavía sosteniéndola por el cuello, “Vas a aceptar todo lo que te voy a dar” le dijo él, su expresión oscura y seria. Él movió sus labios en la oreja de ella, colocando su cabello detrás para poder rozar sus labios alrededor. “Te voy a follar hasta que pierdas los sentidos Sra. Grey. Creo que es hora de poner a prueba esos límites tuyos.”

El cuerpo de ella se contrajo con una sacudida involuntaria y sus ojos se pusieron más grandes viendo el brillo de los de él volverse diabólicos. Él había estado prometiéndole hacer eso durante mucho tiempo. Ella todavía no entendía exactamente qué quería decir con eso, pero estaba claro que ella se iba a enterar muy pronto.

Christian la acercó un poco más, volviendo a susurrar en su oído. “Ni un sonido, ¿entiendes?”

Anastasia asintió, cerrando sus ojos cuando la punta de la lengua de él empezó a trazar circuitos alrededor de su oreja. Su mano se deslizo entre las piernas de ella, sus dedos expandiéndose para separarlas. Ella prestó atención a su requerimiento aunque ella no las podía abrir ampliamente en el espacio pequeño del asiento trasero. Su dedo del medio patinó sobre la costura central de sus shorts, entre los labios de su sexo que se estaba hinchando a los lados de esa hendidura. Suavemente él sopló sobre las líneas que su lengua había dibujado, enviando una flecha de placer directo al lugar que él estaba tocando. Ella apretó el posa brazo de cuero y mordió su labio para silenciar el gemido que quería emitir. La otra mano de ella estaba apuñada en la camisa de él – para acercarlo más, para empujarlo- ella no estaba segura. El hecho que Carl estaba sentado en frente de ella, conduciéndolos de regreso a la villa, debería haberla molestado como el infierno pero ella no se podía concentrar lo suficiente para formar un argumento coherente con el cual pudiera quejarse.

“Estás mojada, a través de tus shorts” le informó como si ella ya no lo supiera. Él mordió el lóbulo de la oreja, permaneciendo allí para dejarla oír la excitación de la ráfaga de sus respiraciones cortas.

La longitud del arrastre de su dedo contra la hendidura de ella se hizo corta y rápida mientras él empezó a concentrarse en ese pequeño nudo de nervios hambrientos, hasta que su toque era rápido, pequeños golpecitos directamente en su clítoris. Ya temblando ella se aceleraba a lo largo del camino al éxtasis, chocó contra el orgasmo.

“Córrete” él ordenó con un último lamido largo a su oreja.

Las caderas de ella se sacudieron del asiento, estremeciéndose con la liberación. Christian colocó su mano libre sobre la boca de ella que se abrió para acomodar la respiración grande que estaba tomando, apenas logrando contener el sonido. Su cuerpo quedó inerte, y con una mirada que le dijo que mantuviera su respiración uniforme, él retiró la mano de su boca.

“Uno” contó suavemente para que solo ella pudiera escuchar.

Ella parpadeó hacia él, muy enrojecida y todavía aturdida por su orgasmo, pero sus ojos a media asta rápidamente se abrieron cuando se dio cuenta lo que el resto de la tarde iba a conllevar. Su expresión asombrada era adorable, y era todo lo que él podía hacer para sumergir su lengua en la abertura sorprendida de su boca. Después de un momento, ella se relajó, besándolo finalmente. Uno por uno, él deshizo el agarre de los dedos de ella sobre su camisa antes de deslizar la mano sobre la parte frontal de sus pantalones cortos. Él saboreó el placer silencioso que la tela cubriendo su gran erección proporcionaba, lo haría durar más.

“¿Ves lo que me hacer Sra. Grey?” murmuró entre los deslizamientos calientes de sus lenguas en duelo.

Su boca capturó el gemido apreciativo de ella. Ella inclinó su cabeza, el ángulo permitiéndole que su beso fuera más profundo, estaban un poco sorprendidos cuando la camioneta SUV se detuvo; todo el camino pintoresco se perdió. Christian siguió a Anastasia fuera del vehículo, la vista de sus piernas desnudas haciendo la tarea mundana toda una delicia.

Él la agarró alrededor de la cintura, sosteniendo su espalda contra su pecho antes de que ella pudiera entrar en la villa. “Voy a preparar a Chris. No pierdas nada de tiempo. Ve a orinar, tomate un vaso de agua, desvístete  y espera por mí en nuestra cama – boca arriba” su tono era duro, con la intención de dejar claro que su desobediencia no sería tolerada. Él la envió a su camino con una palmada resonante en su trasero fino, dejando su palma caliente y hormigueando.

Anastasia corrió escaleras arriba, su corazón palpitando salvajemente en su pecho. Entre más rápido llegará ella a la habitación sería capaz de evitar cualquier interrupción. Cuando ella cerró la puerta de la habitación principal detrás de ella, dejo salir una respiración larga, recostándose contra la madera solida para tomar un momento y pensar sobre lo que está a punto de suceder. ¿Iba a Christian realmente a ver cuántos orgasmos puede darle en cierta cantidad de tiempo? ¡Santo demonio! Ella no estaba segura si estar asustada o emocionada. Aunque considerando todas las cosas, ella estaba un poco más que aliviada que él no estuviera molesto con ella por lo que pasó con el oficial coqueto, y aun más agradecida que él no haya hecho algo precipitado. Ella se arrepentía de no haber seguido sus instintos al principio, lo último que quería ser, era la razón por la cual su esposo pasará una noche tras las rejas. Ella realmente debía ser más cuidadosa; se reprimió a sí misma antes de dirigirse al baño a hacer las cosas que Christian le había ordenado que hiciera. Mientras se desvestía captó un vistazo de sí misma en el espejo. Ella vio lo brillante que estaban sus ojos, el azul era luminoso, brillando con emoción. Sus labios estaban un poco hinchados, probablemente por el beso en el automóvil. Incluso la piel alrededor de su boca estaba un poco rosada por el rose que dejo la barba de Christian. Desde el baño salió hacia la alfombra gruesa de la habitación para abrir las cortinas pesadas. Ella ya podía imaginar cómo Christian iba a usar el espacio. Él podría fácilmente hacerlo sin ser escuchado y ella lo sabía, en el momento que ella vio la cama hace tres días, los patrones de hierro arremolinados en la decoración de la cabeza y pies de la cama, iban a ser ideales para puntos de restricción. Ella se deleitó en el escalofrío que bajo por su espalda, su cuerpo desde ya dándole la bienvenida a la anticipación. Ella quito todas las sabanas de la cama y luego se subió en ella, posicionándose sobre su espalda en el medio de la cama. El pulso de ella se aceleró bastante cuando Christian entró por la puerta, casualmente cerrándola antes de acercarse para disfrutar de la forma desnuda de ella.

Él se inclinó sobre ella, su dedo dibujando las líneas contrastantes del bronceado alrededor de sus senos. “Tan hermoso” dijo cuando sus ojos siguieron el progreso de su dedo.

Cuando él completó el camino de los triángulos alrededor de los senos de ella, él paso un dedo perezoso hacia abajo al centro de su vientre, tomándose su tiempo dulce de mapear la línea que dejo su bikini. Ella vio en partes iguales de delicia e inquietud cuando los ojos de él se volvieron color gris tormenta, sus parpados volviéndose pesados por el peso de su deseo. Él no hizo movimiento alguno para desvestirse, pero la cresta de su erección era obvia, incluso debajo de la tela de sus shorts, y siempre directamente en su línea de vista cuando él se inclinó sobre ella. Ella no estaba sorprendida cuando él sacó un par de cuerdas de seda negra de su mesa de noche y paso la longitud de las cuerdas dobladas a lo largo de su mano, acariciando la suavidad con una sonrisa peligrosamente traviesa que tiraba de las esquinas de su boca.

“¿Cuántos orgasmos crees que voy a arrancar de ese cuerpo caliente tuyo?” preguntó, levantando una ceja.

Había un bote lleno de arrogancia en ese barítono bajo suyo y Anastasia no tenía idea de que decir ante eso. No había fin para sus habilidades locas en la cama pero si la memora no le fallaba, ella nunca había tenido más de cuatro en el trascurso de un día entero, pero entonces, de nuevo, generalmente Christian siempre tenía la intención de ayudarla a mantenerlos, prologando el placer de ambos, tanto como fuera posible, en lugar de alentarla a llegar al clímax por su propia voluntad.

“¿Cuánto tiempo tienes?” ella mordió su labio completo, tratando de tener una idea de si él tenía alguna expectativa sobre su respuesta.

Él no respondió de inmediato, en su lugar agarró la parte delantera del hombro de ella y luego deslizó su mano por la piel suave de la parte interna de su brazo, todo mientras la arrastraba a una posición para atarla al poste de la esquina de la cama. Sus dedos hábiles trabajaron la cuerda en un amarre cote de bandolero, la soltura sencilla del nudo fácil para lo que él quería hacer. Él se movió hacia el posa pie de la cama para hacer lo mismo, empezando tímidamente en la coyuntura hinchada entre sus muslos, él cambió la pierna de ella hacia donde que la quería. Con el mismo nudo que uso en las muñecas de ella, amarró su tobillo. Ahora que ella no iba a ir a ningún lado, él estaba feliz de responder a la pregunta de ella.

Con la sonrisa todavía en su lugar él la inmovilizó con una mirada lujuriosa. “Hasta que te desmalles de cansancio”

¡Oh hombre! ¿Por qué esto empezaba a sonar más como una tortura? Justo como el pensamiento empezaba a revolotear en su mente distraída, ella se dio cuenta. De cierta forma él la estaba castigando.

Ella lo siguió con sus ojos cuando él rodeó la cama para atar su otra muñeca, “Pensé que habías dicho que no estabas enojado conmigo” ella parpadeó unas cuantas veces, tímida de que sonaba tan sin aliento pero incapaz de esconder su intranquilidad repentina.

La cabeza de él se levantó. En sus ojos ella podía leer fácilmente su preocupación. Él terminó rápidamente el nudo en su muñeca y luego se deslizó en la cama al lado de ella. Todavía vestido en su camisa blanca de lino con botones y sus shorts de color gris, que terminaban en estilo bermuda justo sobre sus piernas, él envolvió sus dos fuertes brazos alrededor de ella. Para buena medida envolvió sus piernas alrededor de las de ella, sosteniéndola más cerca.

Ella volteó su cabeza hacia él, sus narices casi tocándose cuando él habló, “No estoy enojado contigo, nena pero si quiero que recuerdes a quien perteneces. Esta no será la última vez que un hombre quiera estar dentro de tus pantis pero necesitas entender que cuando eso sucede, yo veo rojo. Toda esa ira y celos todavía están pasando a través de mis venas. Necesitan una salida, y como no pude golpear hasta la mierda a ese hijo de puta, la alternativa es follarte hasta la próxima semana” sugestivamente él movió su erección contra la parte exterior del muslo de ella para probar su punto.

Él pasó su nariz contra la de ella, mirando fijamente a sus ojos bien abiertos para mostrarle la sinceridad de los de él, “Nunca te lastimaría, debes saber eso pero quiero que te entregues a esto, dame esto para que cada célula de tu ser conozca y sepa que tu placer solo me pertenece a mí”

“Está bien” ella murmuro. Moviendo su oído con el poco espacio que tenía, ella lo besó, suavemente mordiendo el labio inferior de él mientras se alejaba.

El corazón de él se disparó, orgullo y amor inflándose dentro de él. Con otro beso, uno sorpresivamente casto, él selló el trato cuando hizo un trabajo rápido de atar su otro tobillo al cuarto poste. Él se retiró, observando su trabajo. Perfecto, se felicitó a sí mismo. Los brazos y piernas de ella completamente abiertos, todo su cuerpo restringido y abierto para lo que sea que él quisiera hacerle a ella y hoy él necesitaba pasar una larga lista.

“Una cosa más nena” él sonrió cuando ella captó su mirada de nuevo, “No uses esos malditos shorts pequeños en público de nuevo. Tu culo es solo para mis ojos.”

Anastasia contuvo una respiración aguda, impactada por su audacia. “Al menos estaba usando algo sobre mi bikini. Estaba prácticamente vestida como una monja comparada con las chicas playeras en toples en sus tangas minúsculas allí” Ella sabía que ella no debería provocarlo, especialmente cuando ella estaba atada a una cama completamente a su merced pero algunas veces su prepotencia era demasiada.

Él dejó caer su cabeza, mirándola a ella por debajo de sus parpados medio cerrados. Él francamente hizo caso omiso a su comentario y agarró el hilo de su última conversación. “Tú todavía no me has respondido Sra. Grey. ¿Cuántos orgasmos creer que puedo darte antes de que te desmayes ante mí?”

Ella lo miró, entrecerrando sus ojos mientras se prometía a si misma que la conversación sobre la vestimenta era una que iba a guardar temporalmente. Él estaba todavía demasiado irritado para ser razonable. “¿Vamos a… tomar un descanso en el medio o no?”

La sonrisa malvada tiró de su boca una vez más. Con sus labios ligeramente abiertos, él mordió la punta de su lengua y negó con la cabeza, lentamente, pero dándole a ella un no claro.

¡Santa mierda! ¡Uno tras otro! “Uhm, ¿tres?” ella intentó, esperando que no fueran muchos más que esos. Ella casi se rio pensando que no era la primera vez que contemplaba la posibilidad de morir por orgasmo.

Él le dio un pequeño encogimiento de hombro, “Vamos a ver, ¿te parece?” él la retó mientras se montaba a la cama.

El calor del cuerpo de él envió una carrera de escalofrío deslizándose a lo largo de la piel de ella. Ahora que esto se estaba poniendo en el camino, ella se dio cuenta que ella estaba definitivamente lista para la segunda ronda. Había algo acerca de tener tus piernas abiertas que hacía que su sexo se sintiera completamente vacío. Ella gimió mientras los dedos extendidos de él sostenían su seno en su lugar. Él cerró su boca caliente sobre el seno de ella, tomando una bocanada grande alrededor de su pezón puntiagudo. Le tomo pocos minutos a ella perderse en el ritmo constante de su succión. Su otra mano sumergió un dedo dentro de su sexo empapado para probar su preparación. Christian gimió contra el seno de ella, la vibración zumbando a través de ella, hinchándolos aún más en hordas sensibles y adoloridas. Ella jadeó de nuevo, esta vez en protesta, cuando el movimiento de su dedo dentro de ella se detuvo. Trayendo su mano hacia su otro seno, él expandió su humedad sobre el pezón y luego vibró el punto apretado con su pulgar. Las caderas de ella empezaron a ondular, siguiendo el mismo ritmo de su boca chupando.

Ella quería gritarle a él para que se detuviera cuando él levantó su boca de su pecho para hablar. “No hemos hecho esto en largo tiempo. ¿Vas a correrte para mí de esta forma?”

Gracia a Dios no esperó su respuesta, él podía escuchar la emoción ampliándose cuando volvió a trabajar sobre esos senos deliciosos.

Ella todavía lo volvía loco, él adoraba la forma en que ella respondía. Hace mucho tiempo aceptó que nunca iba a tener suficiente de ella. Verla así, retorciéndose por sus atenciones, hizo que las pulsaciones en su pantalón fueran difíciles de ignorar. Él sabía que ella estaba cerca cuando ella arqueó su espalda, empujándose a sí misma más profundo en su boca. Sus respiraciones eran irregulares, roscando con pequeños gemidos de necesidad.

“¡Por favor Christian!” ella suplicó.

Él sonrió contra la piel de ella, adorando el sonido sin aliento de su nombre en los labios de ella. Él apuró el ritmo y profundizó la succión. Él detuvo el movimiento de su pulgar, y en su lugar, pellizcó la punta dura del pezón lo suficientemente fuerte para provocar un bocado delicioso de dolor. Ella silbó. Su cuerpo atrapado y luego se sacudió, casi saltando de la cama cuando acabó con un estremecimiento. Su cabeza se retorcía inquiera mientras ella repetía una serie de Si, el staccato de los mismos siguiendo la subida de su captura. Él tomo la boca de ella, lamiendo profundamente dentro de ella. Puede que las extremidades de ella hayan sido de gelatina para ese momento pero su beso era receptivo, urgente a pesar de la liberación, o tal vez por ello.

Él separó su boca de la de ella, su rostro una imagen con arrogancia conocedora. “Dos” declaró antes de salir de la cama.

Ella llevaba todavía un impresionante rubor y estaba respirando fuerte cuando él se desvistió. Él no se molestó en desabotonar su camisa; él simplemente se la sacó sobre su cabeza, dejándola caer y sus shorts con una destreza que lo dijo todo sobre la necesidad de él por ella. La vista de ella viajo con añoranza hacia su erección palpitante que estaba lo suficientemente dura para doler. Él quería esa boca inteligente de ella mientras le devolvía el favor. Cuando ella lamió sus labios, él se retorció, deseo retumbando en su cuerpo, asentándose en sus testículos mientras se endurecían con dulce anticipación. Él tiró de los nudos cortos en las muñecas de ella, liberando rápidamente sus brazos y se recostó al lado de ella. Él apenas tuvo tiempo para ajustar su posición antes que ella estuviera sobre él, chupando su pene hasta el fondo. Ella hizo uso completo de sus brazos libres, una mano suavemente acariciaba sus testículos pesados, y la otra agarro su trasero, todo para traerlo más profundo hacia su garganta.

“¡Guao!” gimió antes de rechinar sus dientes, desesperadamente tratando de sostener las piezas de si mismo antes que se desboronara. ¡Joder!

Esa boca de ella iba a matarlo. Sufrió un breve lapso de memoria, olvidando su intención mientras se concentraba en no presionar sus caderas contra el calor bienvenido. Lentamente él recuperó algo de su apariencia de control, luchando contra las ráfagas de placer instando a su rendimiento cada vez que ella rozaba la cabeza hinchada de su pene con su lengua. Solo había una cosa para ello, él se dio cuenta. Entre más pronto él fuera a trabajar en ella, más pronto él podía liberarse. Él sabía que ella estaría muy sensible, su toque inicial seria casi como una descarga eléctrica en lugar de ser placentero pero solo durará un momento antes de que ella estuviera rogándole hacerla acabar. Suavemente él separó los labios hinchados del sexo de Ana, exponiendo esa raja húmeda tentadora de piel. Él gimió; sintiéndose drogado con placer que zumbaba a través de él. La vista hizo que su aliento se entre cortara, el olor embriagador suficiente para enviarlo al borde del abismo. Él le ofreció un pequeño respiro, soplando suavemente, enfriándola con su aliento. Cuando él aleteo la punta de su lengua sobre el centro de ella, su pelvis se sacudió, resistiéndose a las sensaciones abrumadoras. Ella se hubiese alejado si no estuviera restringida.

“Uh.uh” ella logró protestar alrededor de él, pero por supuesto, él no tenía intención de detenerse.

“¡Sí!” respondió él, diciendo la palabra antes de chupar el clítoris dentro su boca.

El agarre de la mano de ella en su trasero se puso más brutal, sus uñas enterrándose en la piel de él. La sorpresa de ella fue imitada por la manera en como su boca se tambaleaba alrededor de la erección de él, luego redobló la succión que estaba aplicando. Si él estaba guindando de un hilo antes, ese hilo ahora se deshilachaba. Él empujó dos dedos dentro de ella, el deslizamiento se hizo sin esfuerzo por el agujero resbaladizo de ella. Encorvando sus dedos, él los hizo pasar ese punto de derretimiento que él sabía estaba escondido allí. Él igualó el ritmo de su boca con el de sus dedos, volviéndose desesperado por las contracciones delatadoras, solo para sentirlo un segundo después. Él ayudó a esas contracciones junto con agarrar los labios que tienen esos nervios de placer, y cedió ante la necesidad poderosa y primitiva de empujarse contra la boca hambrienta de ella. El mundo se detuvo, suspendiéndolos en un espacio de tiempo antes de que estallaran como fragmentos de vidrio.

Ellos se dejaron caer, pechos pesados, sus extremidades empañadas con un hilo de sudor.

“¡Joder!” dijo él entre dientes, como siempre un poco sorprendido de lo fuerte que lo podía ella hacer acabar. Bueno, pensó con una pequeña sonrisa. Eso deshizo al menos treinta por ciento de su energía acumulada.

“¿Fue bueno el tercero para ti Sra. Grey?” él solo estaba bromeando. Él sabía  muy bien que ella había acabado como un tren de carga – de nuevo.

“Mhmpmmm” ella murmuró; su respuesta incoherente y somnolienta.

Él estaba de pie en un instante, volteándose para poder ver el rostro de ella. “¿Sra. Grey te me estas desmayando?”

Ella abrió un ojo, demasiado drenada para poner a trabajar cualquier otro musculo de su cuerpo gelificado. “Nouedomás” Ella perdió la batalla con su parpado y lo cerró sin voluntad.

Él quitó los mechones de cabello húmedo del rostro de ella. “Tengo más para darte nena, no me puedes dejar guindando así” dijo, su mirada creciendo más blanda mientras observaba la cara amada de ella.

Él amaba cada curva, cada plano. Ella lo calmaba, aquietando las tormentas que algunas veces todavía se prolongaban dentro de él – como hoy.

Él besó la esquina de la boca de ella. “Uno más” él murmuró, sosteniendo su aliento.

El pecho de ella se levantó con una respiración profunda. Por un momento él pensó que la caída significaba que ella había sucumbido al cansancio, pero ella volteó su cabeza hacia él.

Sus ojos se abrieron con un parpadeo lento mientras su boca formaba una sonrisa torcida “¡Demonio!”

Su aquiescencia lo tenía duro de nuevo en cuestión de segundos. Un sonido bajo de aprobación zumbo desde lo más profundo del pecho de él. La vibración la revivió, su mente soñolienta despertándose ante la posibilidad de otra ronda con su esposo insaciable. A este ritmo, ella no va a ser capaz de caminar mañana. De nuevo él salió de la cama y ella lo vio irse, impresionada por lo ansioso que estaba él de querer más. El ritmo del corazón de ella latía de manera errática pero rápidamente empezó un ritmo calmado que ella sabia se iba acelerar en poco tiempo. Dos jalones de parte de él tenían a sus piernas libres. Ella puso las rodillas contra su pecho con él detrás de ellas rodando sobre la cama. Él se detuvo por un momento, descansando sus manos sobre las rodillas de ella mientras miraba los labios de su sexo hinchados que sobresalían de sus piernas juntas haciendo pucheros (morritos).

Él sacudió la cabeza con asombro. “Jodidamente hermoso” dijo con voz áspera, pasando la yema de su dedo hacia abajo por la raja de ella.

Ella gritó, su toque discordante contra su piel tierna. Una de las manos de él mantuvo un agarre de las rodillas de ella, apartándolas contra el pecho de ella mientras la otra agarró en un puño su erección. Con su mirada pegada a los labios inferiores relucientes de Ana, él movió hacia arriba y hacia abajo su mano empuñada sobre su erección. Ella no podía quitar sus ojos de lo que él estaba haciendo; el agarre que estaba usando, el ritmo de sus movimientos, su expresión clavada – todo eso tenía a su sexo saciado, cosquilleando con nuevas olas de lujuria. Ella esperaba que él la follara esta vez, todos los orgasmos del mundo no iban a aliviar la sensación de vacío que sentía si él no la llenaba duro hasta sus testículos. Sus manos inquieras buscaron las sabanas debajo de ella, arañándolas sin pensar.

Como siempre él leyó sus pensamientos, “¿Quieres esto nena?” Su tono era bajo, grave, su expresión casi dura con deseo.

Ella hundió sus dientes en el labio, asentando para él con una mirada fija y amplia.

“¿Así?” preguntó, provocando su raja empapada con un deslizamiento de la cabeza ensanchada de su miembro.

Ella negó con la cabeza, su deseo desnudo.

Sus ojos color ceniza se volvieron tormenta. “Deja de retorcerte. Dime qué quieres Anastasia”

“Por favor. Follame” su ronroneo gutural era toda la invitación que él necesitaba.

Él dejo que las rodillas de ella cayeran abiertas, luego puso una de las piernas de Ana sobre su hombro. En una embestida segura, él se hundió en ella, sus testículos golpeando la curva de las nalgas de ella. Tomando su tiempo, él se retiró; inflamando nervio tras nervio en su laberinto resbaladizo. Él salió completamente hasta la entrada del sexo de Ana donde giró sus caderas y embistió de nuevo. Una y otra vez, cada embestida con un gemido que la llevaba a ella cada vez más cerca de la liberación que apenas podía creer estaba creciendo. Los hombros de él y sus brazos estaban atados con músculos tensos, brillando con el sudor de su cansancio e imposiblemente sexy. Ella se movió contra la pelvis de él y enganchó una pierna alrededor de sus caderas en un esfuerzo desenfrenado por llevarlo más profundamente dentro de ella. Las manos de ella fueron hacia sus senos, agarrando los pezones apretados con los pellizcos que sabía lo volverían loco a él. Él gimió, emitiendo una respiración elaborada mientras él observaba los dedos provocativos de ella. Por cómo se estaban oscureciendo los ojos de él y la flexión de sus músculos en su mandíbula, ella podía decir que él estaba cerca pero después de tres orgasmos ella necesitaba algo más. Ella necesitaba que fuera más duro, necesitaba que fuera más rápido y ella estaba más que lista para pedirlo.

“Más por favor. Te necesito” ella gimió “Duro, necesito…”

“Sé lo que necesitas” gruñó él, aumentando su ritmo con un movimiento mecánicamente virtual.

“¿A quién perteneces?”

El cuerpo de ella se disparó, corriendo con abandono a la línea final que seguramente la iba a enviar a un estado de coma. Christian no estaba muy lejos de ella.

“¡A ti. Solo a ti!” ella exclamó, ya sin aliento mientras su espalda se arqueaba con los primeros espasmos sacudiendo a través de ella.

“¡Oh mierda, si!” espetó él, su forma saltando cuando el cuerpo de ella se apretó alrededor de él, agarrando su erección golosamente.

La cabeza de ella cayó hacia atrás, dejando al descubierto su cuello mientras gritaba el nombre de Christian. Ella sintió la boca caliente de él en su garganta, asegurándose con una chupada que sabia iba a dejar una marca. Él colapsó sobre ella justo cuando ella se derritió en la cama.

“Cuatro” fue lo último que ella escuchó antes que él sueño la venciera.

¡Gracias por leer!

¡Por favor no se olviden de dejar sus comentarios!

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6 thoughts on “Vacaciones en España – short story

  1. Guille says:

    Oooooohhhhh por dios que capítulo que pareja tan caliente me encantan es muy agradable encontrar este capitulo después de tanto tiempo estaba leyendo de nuevo toda la historia y ooohhh sorpresa hay estaba ya el capítulo nuevo saludos kere mil besos

    Liked by 1 person

    • KereCB says:

      Jejeje que bueno poder sorprenderte Guille!!!!
      Ya solo queda un capitulo más en la hostoria… Gracias como siempre por tu comentario y apoyo.
      Un gran abrazo guapa
      Kx

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  2. Fanny Rebellon says:

    Como dicen los maracuchos….¡Que Molleja! Waww que capitulo mas caliente, Después se preguntan porque uno ama a Cristian. Pues porque las escritoras se han empecinado en hacerlo el mejor amante del mundo, Ainnsss, es divino. Me encanto el capitulo Monique mil gracias, siempre te la comes con capitulos espectaculares.. Adoraría ver el día del parto de Ana de la hembra. Y tu mi amiga Kereny..¡Te Amoooo! ¡muchas Graciassss!

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    • KereCB says:

      Que molleja Fanny! Jajaja gracias como siempre por tus comentarios y apoyo. Y si Christian es esplendido y Monique nos ha regalado un poquito más de este hombre que tanto amamos. Lo del parto mmmm no lo creo la verdad, ya Monique ha comentado en otras oportunidades que ella siente que ya ha dado un cierre y final al Fic. Tal vez algun día, quien sabe?, se animará? No lo se, pero soy feliz como han quedado las cosas con los personajes🙂 Ya el tiempo lo dira amiga….
      Un gran abrazo hasta la tierra del sol amado!
      Kx

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  3. Elkkiz says:

    😅😅😅😅😜😜😜😜 hasta que quede cansada de tanto sexo y eso que solo fui una lectora ufffss😅😅😅 que caliente y posesivo es el señor Grey… Muchas gracias por compartir con nosotras otro pedacito de la vida de estos personajes, se que cualquier otro es más que un regalo🎁 👌🏻👌🏻
    Besos, abrazos y mis mejores deseos para Monique y KereCB

    Liked by 1 person

    • KereCB says:

      Jajajaja Eso significa que te llego la historia hasta el fondo… de tu corazon y la pudiste sentir. Un placer como siempre. Gracias por tui mensaje y bonitos deseos. Un gran abrazo Elkkiz
      Kx

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